Megapuerto en Ancón no debe darse a empresas de países con los que tenemos problemas limítrofes

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Víctor Mejía Franco (*)

La histórica caleta de Ancón, la misma que el 20 de octubre de 1883 fuera el escenario del oprobioso “Tratado de Ancón”, parece destinada a repetir su historia con una puesta en escena puramente comercial por la cual una empresa aparentemente peruana con mucha relación con Chile va a ocupar nominalmente esa plaza con una concesión portuaria por 30 años.

Podemos anticipar sin fantasías, tratándose de los intereses chilenos, que la concesión podría subsistir hasta el día del juicio final o hasta el término del Perú como república soberana, lo que ocurra primero.

Sintomáticamente, los presidentes del Perú, en 1883 (General Miguel Iglesias) y en 2009 (Alan García), salvando las diferencias entre ambas épocas, tienen una característica común que los hace hermanos históricos: su no disimulado pro chilenismo. Con esta observación curiosa, quizá casual, creo que la propuesta del puerto industrial o “megapuerto” en Ancón debe estudiarse no sólo con relación a los aspectos técnicos, comerciales y medioambientales, sino también en relación con sus implicancias geoestratégicas y geopolíticas.

Lo primero que se advierte al conocer la propuesta de la empresa Santa Sofía del conocido hombre de negocios y gran amigo de Chile don Dionisio Romero, es que se trata de una invasión de áreas ocupadas desde siempre por poblaciones sólidamente asentadas, que han hecho su vida en el medio geográfico privilegiado de una bahía de aguas tranquilas, en la cual existe todavía una cantidad aún apreciable de vida natural, representada básicamente por fitoplancton, pesca dcostera y su correspondiente ambiente oxigenado.

En los tiempos que corren, un medioambiente así adquiere la condición de oasis al que hay que prodigar cuidados infinitos para que nos dure, principalmente porque constituye uno de los pocos lugares vivos alrededor de la gigantesca e inerte metrópoli en que se ha convertido la ciudad de Lima.

Es así como la sola propuesta de instalar dentro de la bahía un puerto industrial, “lejos”, a dos kilómetros de la playa de pescadores, es un absurdo. La construcción de un puerto industrial para recibir barcos de alto bordo (más de 100,000 tons de desplazamiento) no puede dejar de contaminar el área en no menos de cinco kilómetros a la redonda.

Decir lo contrario sólo revela desconocimiento de la realidad. Aunque los promotores digan que el nuevo puerto “sólo” dañará la tercera parte de la bahía, esto es completamente falso. La bahía es una unidad natural integral, dañar una parte de ella implica daño irreversible a toda la bahía.

En el fin de semana pasado oí las sorprendentes declaraciones del alcalde de Ancón: sostiene que el megapuerto es conveniente porque traerá progreso y dará trabajo a miles de personas. Sin duda este buen señor se ha tragado el cuento de la empresa interesada.

¿Cómo podrá sostener el proyecto como fuente de trabajo para la gente de Ancón comenzando con las 2,000 familias de los pescadores artesanales que se quedarán sin pesca? ¿Qué progreso habrá cuando el valor de la propiedad inmobiliaria del balneario se desplome como resultado inmediato de la contaminación del mar, la fuga de veraneantes y turistas y el deterioro del medio social por la invasión de desocupados de otras zonas vecinas, atraídos por la posibilidad de conseguir trabajo ante la galopante desocupación que se sufre en todo el país?

¿Qué progreso significará el colapso de los servicios públicos actuales de agua, desagüe y electricidad ante la demanda explosiva por parte de los nuevos invasores urbanos, acaso la concesionaria también construirá servicios esenciales para estos “nuevos vecinos”? ¿No se da cuenta el señor Alcalde que está traicionando los intereses de sus electores cuando propone una idea que cambiaría el destino presente y futuro de Ancón como balneario turístico y pesquero, por el de una ciudad industrial de gran tamaño, con todos sus inconvenientes, y claro también con sus grandes ventajas para las empresas que usurparán su privilegiada situación geográfica.

No hay que olvidar que Ancón pertenece en primer término a sus vecinos en virtud de expresos derechos constitucionales, como son el de fijar el lugar de su residencia y el de trabajar en su profesión u oficio, y que no pueden ser obligados a declinarlos graciosamente en beneficio de terceros.

Una preocupación fundamental en este asunto es la implicancia geo-económica del puerto industrial propuesto. Dicen sus promotores que será “una alternativa” al puerto del Callao. ¿Qué quiere decir esto? Que al no haber conseguido la concesión del Muelle Sur y posiblemente tampoco obtenga el llamado Muelle Norte, (ante la masiva inyección de dinero de los millonarios de Dubai cuyos negocios metropolitanos han caído en crisis), Chile necesita un puerto cerca de la Carretera Central que pueda superar al Callao, para mantener su actual dominio marítimo en el Pacífico Sur.

Para ello cuenta con las ventajas comparativas de servicios portuarios chilenos completos operando en la zona y acuerdos conferenciados con todas las líneas navieras que transitan por el Callao, cuyos barcos serían “captados” por el nuevo puerto “competitivo” de Ancón. Para que esta política chilena de penetración económica funcione sin dificultades, también tendrá que buscar la desaparición de Enapu y rivalizar palmo a palmo con Dubai Ports, y esto es de lo que se trata.

Como se advierte, todos estos elementos permiten visualizar los intereses que se mueven detrás del proyecto de la empresa Santa Sofía, y se entienden mejor las grandes dificultades que habrá que vencer para preservar nuestro histórico balneario de la invasión y saqueo especulativo.

Se justifican por tanto las aprehensiones del comandante general de la Marina de Guerra del Perú, quien en una valerosa advertencia (octubre de 2008) se refirió al peligro implícito en las inversiones “de países con los que tenemos problemas limítrofes”, y que dejar el “libre ingreso a los puertos sería peligroso para la soberanía nacional”.

Ojalá que el empeño cívico y patriótico de todo el pueblo de Ancón, unido ante el peligro común, sea la valla insalvable que impida una nueva capitulación ante el mismo adversario de 1883.

(*) Comisión Patriótica para la Defensa del Mar de Grau / Web: http://www.comisionpatriotica.org

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