Historia del Clásico peruano: “El Clásico de Los Bastonazos”

Crónica periodística

Jaime Pulgar-Vidal Otálora

El lunes 24 de setiembre de 1928 los limeños despertaron sobresaltados. Los niños que vendían los periódicos voceaban titulares que hablaban de escándalo, de agresiones, de incorrecciones y de golpes a palos y a puño limpio. La comidilla del día era el final escandaloso que tuvo el primer enfrentamiento entre los equipos de Alianza Lima y la Federación Universitaria, partido que se jugó por la fase final del campeonato de fútbol de primera división de 1928. Destacaba la primera plana del diario la Prensa que titulaba: “Ayer en el estadio Nacional: bochornoso escándalo”.

Cada una de las personas que fue al viejo estadio Nacional el día anterior, domingo 23 de setiembre de 1928, pudo tener su propia versión de lo que allí había ocurrido. El problema lo tuvieron aquellos que no asistieron al estadio. Cada uno de los diarios ofrecía no sólo una interpretación diferente sino que, en algunos casos, eran contradictorios aún en reseñar los hechos que se habían producido en el partido.

Entre estas incongruencias destacaba la asignación de culpas: mientras unos decían que la culpa del escándalo la habían tenido los jugadores universitarios, disculpando a los aliancistas; otros decían que habían sido los de Alianza los iniciadores de los sucesos escandalosos; y otros más, aunque hablaban duramente acerca del comportamiento de los jugadores de Alianza, los excusaban culpando de su reacción a los yerros del árbitro. Incluso, hubo un diario que culpó a los jugadores de Alianza, pero no a todos, exculpó a los que siempre mantienen un comportamiento caballeroso. Quienes introdujeron el fútbol en el Perú, miembros de la elite que compartía los valores modernos de su smiliar europea, estaban convencidos de que el fútbol debía ser practicado por aquellos que estudiaban en centros educativos o que estaban sometidos a algún tipo de control social, como obreros que laboraban en fábricas con horarios determinados y jefaturas claramente establecidas. Esta misma elite peruana no fomentó, por ello, la aparición de clubes de barrio, es decir aquellos en donde jugaban sujetos que veían, únicamente, el aspecto lúdico del fútbol, y que lo utilizaban como pretexto para reproducir practicas sociales festivas, es decir, reuniones en donde era común la música, las bebidas alcohólicas y la comida.

El 23 de setiembre de 1928 se enfrentaron dos equipos que tenían visiones opuestas de lo que era el fútbol. Un cuadro que se veía a sí mismo como integrado por futbolistas disciplinados y otro que se divertía con el juego. El equipo de Alianza Lima tenía dos puntos más que el de la Federación Universitaria. Los blanquiazules estaban en el primer lugar de la tabla de posiciones de la liguilla –un mini torneo final donde jugaron los cinco mejores equipos- con cuatro unidades. Mientras el cuadro aliancista había obtenido los títulos de 1918, 1919 y 1927; el de la universidad debutaba en un torneo oficial.

El encuentro lo ganó la Federación por un gol a cero. Sin embargo, lo que más se recuerda no es que el jugador Pablo Pacheco haya anotado el gol. Lo que ha quedado registrado es que al final, el árbitro debió concluir el partido antes del tiempo oficial porque Alianza se había quedado con seis jugadores, tras sufrir la expulsión de cinco. En tales circunstancias y, de acuerdo al reglamento, un equipo no puede continuar jugando, dando como resultado final la victoria de la Federación.

Mientras los jugadores de Alianza salían de la cancha, los aficionados universitarios reclamaron al aliancista Filomeno García, de profesión chofer, por su juego excesivamente brusco. Algunas frases duras surgidas desde la tribuna contra el jugador García hicieron que éste reaccionase, generándose una gresca. Cuando todos los aliancistas fueron en defensa de su compañero, los aficionados rivales les lanzaron bastones, lo que hizo que años después este primer partido entre Alianza y la Federación Universitaria fuera conocido como el “Clásico de los Bastonazos”.

Aunque algunos diarios dicen que el juez del partido, el uruguayo Julio Borrelli, se había parcializado con los universitarios, creemos que su versión puede considerarse la más imparcial.

El juez empezó anotando que al iniciarse el segundo tiempo pudo notarse que el juego empezaba a degenerar, lo que me obligó a amonestar a varios jugadores, previniéndoles que de continuar en esta forma tendría que aplicar castigos. La cuestión empeoraría.

Más o menos a los 25 minutos de este tiempo el jugador Miguel Rostaing embistió a puntapiés al jugador de las Casas, quien repelió el ataque, produciéndose un pugilato, en el que intervino también el jugador Quintana que la emprendió a golpes contra de las Casas. Con tal motivo expulsé del fiel (sic) a los tres jugadores que intervinieron en el incidente. Por esta causa se suspendió el juego por 4 minutos.

Reiniciado el partido los jugadores del “Alianza” parecían preocuparse más de malograr físicamente a los contrarios que de jugar fútbol. Les hice diversas reconvenciones para ver si era posible encausar el juego a la normalidad; no obstante lo cual me vi obligado a expulsar primero al jugador Soria y luego al jugador Villanueva, por cometer ambos faltas muy graves.

Cuando faltaba diez minutos para expirar la hora reglamentaria el jugador Rostaing primero, cometió un foul penal de suma gravedad contra el jugador universitario Ruiz, por tal causa sancioné un penal, a la vez que indiqué que se retirara del campo al jugador causante. Sin embargo no hice ejecutar la pena porque, de acuerdo con la reglamentación internacional, no puede continuarse un partido con menos de siete jugadores por bando. Como el jugador Rostaing, que acabo de mencionar, era el quinto expulsado del team del Alianza, éste quedaba sólo con seis jugadores, razón por la cual di por terminado el match, continuando el score de uno a cero a favor de la Universidad.

Creo oportuno dejar constancia que en el transcurso de este halftime, el jugador Souza conquistó un gol más a favor de la Universidad que anulé por foul de este jugador a un zaguero contrario.

Cuando di por terminado el match, varios jugadores del “Alianza” al abandonar el campo provocaron incidentes con el público de las tribunas de preferencia, como es notorio.

Es cuanto tengo que informar a usted, señor presidente.

Julio Borrelli, árbitro

Para el árbitro, entonces, los que provocan los incidentes del final fueron los jugadores de Alianza. En esto, sólo coincidirá con el diario El Comercio.

Por aquel entonces, hacia el final del Oncenio de Leguía, los diarios La Prensa, El Comercio, La Crónica y El Tiempo mantenían una importante página deportiva. Los dos primeros diarios coincidieron en darle la página completa a los sucesos escandalosos del clásico. Pero eso fue en lo que único que coincidieron.

Mientras para El Comercio Los futbolistas de Alianza atacaron a los espectadores y se trabó un recio pugilato con ellos, sin reparar que en los palcos había elemento femenino; La Prensa sostenía que no se puede aceptar que se diga que los jugadores del Alianza provocaron al público. Los insultos y la provocación partieron de la tribuna de preferencia donde se hallaban los partidarios del equipo universitario, y la actitud de éstos no puede ser más censurable.

La subjetividad propia del individuo está presente en los cronistas que relataron lo ocurrido aquel 23 de setiembre de 1928. Más aún, parece que el cronista de El Comercio hubiera sido hincha de los universitarios, mientras que el de La Prensa lo habría sido de Alianza.

Sobre estos sucesos escandalosos del final del partido, el diario El Tiempo, parece estar de acuerdo con El Comercio, aunque dice que el causante de que el partido terminara con varios jugadores de Alianza provocando un alboroto en el que menudearon palos, trompadas y silletazos, fue el árbitro para quien pide a la Federación Peruana de Fútbol que le cancele el contrato.

Para el periodista de La Crónica, el incidente lo iniciaron dos espectadores de la tribuna de a dos que, apasionados por los incidentes ocurridos en el campo de juego, discutieron acaloradamente. El cronista no lo afirma pero es de suponer que uno de estos aficionados era hincha de Alianza y el otro lo era de la Federación. La discusión creció tanto que el público se arremolinó provocando la intervención de la policía. La imprudencia y temeridad de Filomeno García, Rostaing, Quintana y otros jugadores del Alianza hizo que, para contrarrestar la protesta del público, se treparon a las tribunas. El público los repelió a puñadas y el escándalo cobró mayor intensidad.

Entre los jugadores que La Crónica salva de las críticas está Montellanos, a quien consideran caballeroso y pulcro.

El Comercio dijo que tras la expulsión del jugador aliancista Filomeno García, éste fue a las tribunas de preferencia donde uno de los espectadores le dirigió algunas frases duras. Saltó sobre la valla que separa los palcos y tribunas yendo contra los espectadores. Éstos castigaron al jugador. La Prensa, en cambio, dijo que cuando algunos de los jugadores del Alianza abandonaban la cancha, luego que el árbitro diese por terminado el partido, fueron objeto de insultos de parte de un grupo de aficionados universitarios. Estos insultos se concretaron al jugador Filomeno García, quien exasperado se lanzó contra la persona que lo insultaba. En ese momento más de 20 bastones cayeron sobre este jugador, siendo agredido, además, con golpes de puño.

El apoyo total del diario El Comercio a las actividades deportivas de los universitarios queda demostrado cuando al final del primer enfrentamiento entre Alianza Lima y el equipo de la Universidad un numeroso grupo de entusiastas, entre los que la mayor parte eran estudiantes, cargó en hombros a los jugadores, organizando un desfile. […] Llegados a las puertas de ‘El Comercio’, requirieron la presencia de alguno de sus redactores. El jefe de redacción salió y recibió una calurosa manifestación de simpatía. El señor De las Casas (jugador de la Universidad) reveló el objeto de los manifestantes, quienes habían querido venir a testimoniar su reconocimiento a este diario por la forma cómo habían sido siempre estimulados en sus prácticas deportivas. Se dieron tres hurras por ‘El Comercio’ y por la ‘Universidad’.

La Federación Peruana de Fútbol se reunió el martes 16 de octubre en asamblea presidida por el doctor Eladio Lanatta y emitió el Boletín No 162, haciendo conocer las conclusiones de la Comisión de Justicia sobre los acontecimientos del encuentro del 23 de setiembre y que, entre otras cosas, eran las siguientes:

1. Hacer una reconvención al Club Alianza Lima,

2. Suspensión por el resto de la temporada a Miguel Rostaing y Julio Quintana del equipo Alianza Lima,

3. Amonestación para los jugadores Villanueva, García y Soria.

Así acabó el clásico. Con los universitarios festejando por las calles de Lima el triunfo de 1-0 y los jugadores de Alianza sancionados por el escándalo. Sin embargo, estas sanciones no se cumplieron. Los universitarios pidieron que los aliancistas estuvieran en los partidos de desempate. Esta solicitud de los universitarios tiene que ver con que compartían los valores positivistas introducidos en el Perú, entre otras maneras, a través de los trabajos de Herbert Spencer. Para Spencer, el mejor castigo que podía recibir aquel que transgrediera alguna regla, debía ser inmediato y natural. Los bastones lanzados por los universitarios sobre los aliancistas al final del partido se convirtieron en el castigo inmediato y natural. El mismo Spencer agregaba que los castigos posteriores, impuestos por alguna autoridad, ya no servían para corregir comportamientos.

3 respuestas a “Historia del Clásico peruano: “El Clásico de Los Bastonazos”

  1. muy buena informacion! soy hincha de universitario, y me doy cuenta que desde el primer clasico esos aliancistas siempre son revoltosos!

  2. Lo que no se menciona es que Alianza para el año 1928 ya era el equipo más popular, mientras que Universitario era un equipo desconocido, aunque bien apadrinado por las élites educadas y pudientes de la época (en 1928 estudiar en la Universidad San Marcos era un signo de ser de la élite, no bajaban de ser clase media).

    Por lo tanto, el equipo Universitario necesitaba demostrar que podía con el mejor equipo de la época, para ellos era un partido de vida o muerte. En cambio para Alianza, era un partido contra un rival más.

    No me parece descabellado pensar que en la sociedad de la época el racismo estuviera más marcado que en nuestros días, por lo que no sería sorprendente que el árbitro uruguayo estuviera parcializado hacia los blancos universitarios, en contra de los negros pobres. Esto es una suposición subjetiva, ya que ninguno de los presentes ese día puede afirmar o negar lo comentado, pero es obvio que si la información de distintos periódicos era contradictoria, se puede decir que los periodistas no son objetivos, no como lo demanda una profesión tan noble.

    Mi presunción es que hubo cierta parcialidad en la cancha y en las letras a favor del cuadro estudiantil. Y lo de la pelea en las tribunas, probablemente se inició con el insulto de los hinchas universitarios a los aliancistas, a lo que los futbolistas contestaron erróneamente con violencia, lo que sólo trajo más violencia y desorden.

    En todo caso, ese año se jugó la primera final con clásico, la misma que ganó Alianza 2-0, coronándose campeón de 1928.

    Saludos.

  3. La verdad que no presentas los puntos de vista de los otros periódicos por “subjetivos” ;sin embargo, el comercio siempre fue un opositor de que el fútbol se juegue entre clases bajas por que no lo tomaban como disciplina lo que si hacia la federación con estudiantes ;en ese tiempo los únicos que podían estudiar eran los adinerados , estos últimos asociados con el comercio. Así que queda claro a quien favorecería la información.

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