Ingenio y coraje de los peruanos hizo posible el hundimiento de la Covadonga frente a Chancay

HUNDIMIENTO DE LA COVADONGA

Merced a una trampa caza- bobos preparada por el valeroso ingeniero José Manuel Cuadros

Redactor: Francisco Chirinos Soto(*)

El 13 de setiembre de 1880, hace 130 años, la cañonera chilena La Covadonga resultó hundida a unos centenares de metros de la costa de Chancay, como consecuencia de una violenta explosión cuidadosamente preparada por un grupo de oficiales y técnicos peruanos. Culminó de esa manera la agitada existencia de una embarcación originalmente española, que había llegado a aguas peruanas formando parte de la aparente expedición científica con que el gobierno español de entonces pretendió disimular una absurda tentativa de recuperar su vigencia de dominio colonial sobre estas ya independizadas repúblicas sudamericanas.

La Virgen de Covadonga -tal fue su denominación original- salió del astillero Arsenal de la Carraca, en Cádiz, para la Armada Española. Se trató de una goleta con 630 toneladas de desplazamiento y una eslora de 48.5 metros, con propulsión a vela y a vapor y fue botada en 1859. Incorporada a la escuadra española que llegó al Callao el 10 de julio de 1863, esta nave no se apartaría de aguas sudamericanas, en las que permanece sepultada.

Entre diversas actividades durante los días previos al conflicto con España, la Covadonga cumplió con la ingrata tarea de conducir desde Panamá hasta el Perú a ese siniestro personaje llamado Eusebio Salazar y Mazarredo, quien pretendió ser recibido por nuestro gobierno con el título de “comisario regio” del gobierno peninsular, pretensión rechazada por el Presidente Juan Antonio Pezet.

Varias otras correrías realizó la pequeña embarcación en esos meses previos a la iniciación del conflicto, que tuvo su punto de partida en la invasión de las Islas Chincha por parte de la escuadra española. En circunstancias tan delicadas, el débil y vacilante gobierno del General Juan Antonio Pezet llevó adelante las negociaciones que generaron el Tratado de 28 de enero de 1865, suscrito por el General Manuel Ignacio de Vivanco, por parte del Perú, y el Almirante José Manuel Pareja, del lado español.

Este tratado provocó una reacción nacional que terminó con el régimen de Pezet y dio paso a la dictadura del General Mariano Ignacio Prado, quien convocó al célebre Gabinete de la Victoria, con el cual desarrolló las heroicas acciones que culminaron en el Combate del 2 de Mayo de 1866. La Covadonga, ya con bandera chilena, había participado dos meses antes en el combate naval de Abtao, en que una flota combinada peruano-chilena venció a dos poderosas naves españolas, bajo el liderazgo del peruano Manuel Villar.

Captura de La Covadonga

Estamos hablando de La Covadonga ya con bandera chilena. Algo había ocurrido para que dejara la nave de pertenecer a la orgullosa escuadra española. Algo muy grave, en verdad. La Covadonga se encontraba en aguas chilenas, en viaje entre Coquimbo y Valparaíso, cuando fue acechada, según el relato de Basadre, por la goleta chilena Esmeralda, que tenía al mando al Capitán de Corbeta Juan Williams Rebolledo, más tarde Comandante General de la Marina chilena.

La Esmeralda dominó a la Covadonga y el comandante de esta última ordenó abrir válvulas para hundir la embarcación, pero fue abordada por los chilenos que evitaron la maniobra cuando ya el agua empezaba a inundar la bodega. La Covadonga fue incorporada a la Armada chilena y un decreto especial dispuso que mantuviera su nombre original. Fue así que, pocas semanas después formó parte, precisamente, de la armada combinada del Perú y Chile que actuó brillantemente en el Combate de Abtao.

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