Manuel de la Torre: Uno de los vencedores con las Baterias del Morro de Arica sobre la artillería chilena

MANUEL DE LA TORRE BARBACHAN

VÍCTOR ALVARADO

Un día antes de la batalla de Arica defensores peruanos impactaron un cañonazo al Cochrane y le causaron 27 bajas, en un hecho no registrado por los historiógrafos

Manuel Camilo de la Torre Barbachán (1847-1912) fue uno de los jefes y oficiales que respaldaron a Bolognesi en la decisión de defender Arica hasta quemar el último cartucho y consiguió sobrevivir a las acciones, gracias a lo cual por testimonio suyo se conocen aspectos inéditos de la contienda, y de manera especial el duelo de cañonazos, en la víspera de la batalla, entre las baterías del Morro y la artillería de los invasores, en el curso del cual un cañonazo de los peruanos contra el blindado chileno “Cochrane”, le ocasionó 27 bajas.

Los historiógrafos oficiales no tienen registrado este detalle del costo de la invasión militar a Arica, como tampoco el real número de combatientes peruanos, que todos sin excepción les dan con cifras diferentes, y Manuel de la Torre los tenía en forma precisa, porque además de haberse desempeñado como Jefe de Estado Mayor era también el “jefe de detall”, lo que hoy se llama Logística y como tal guardaba los secretos del regimiento peruano.

Las cifras del número de combatientes y otros detalles de la organización militar estaban en los archivos que manejaba De la Torre y que luego de la ocupación chilena de Arica cayeron en manos de los invasores y son estos los que lo han publicado y confirman que estos cuadruplicaban al número de los defensores.

Estos importantes testimonios de Manuel de la Torre están contenidos en su “Parte de Guerra”, escrita el 9 de junio, dos días después de la batalla, durante su cautiverio en el vapor chileno “Limari”, en el que él y todos los prisioneros peruanos tomados en Arica fueron llevados a una prisión chilena.

En el punto primero de su informe refiere que dos días después de la derrota peruana en Tacna, los invasores enviaron a la vecindad de Arica un escuadrón de caballería para hacer un reconocimiento de la quebrada de Chacalluta, y el 2 de junio aparecieron masivamente 3 escuadrones y luego otros a bordo de trenes sucesivos, seguidos de nuevas exploraciones sobre las colinas de Chacalluta y Apaza que dominan a Arica.

El inminente asalto a Arica, agrega, se perfiló el 05 de junio a las 6 a.m. con la aparición de más de un centenar de piezas de artillería en puntos vecinos y dominantes y a la misma hora, se produjo la llegada del parlamentario chileno, mayor Juan de la Cruz Salvo, para intimidar al jefe de la plaza, Francisco Bolognesi, la rendición de Arica, y que el Titán del Morro rechazó la propuesta.

Al describir esta escena, De la Torre repasa la oferta del parlamentario, quien le dice a Bolognesi que el deseo de los atacantes era “evitar una efusión de sangre sin ningún resultado práctico para los defensores, atendida la excesiva superioridad de nuestras fuerzas”.

Bolognesi, refiere, en términos corteses y amables le respondió que personalmente no era partidario de rendir la plaza y que el espíritu suyo y todos los que se encontraban en ella era luchar hasta el último cartucho, y le solicitó esperarlo para hacer una consulta con sus jefes y oficiales. La reunión se realizó en forma inmediata y estos respaldaron la decisión de su jefe.

A las 9 a.m., tres horas después del retorno del parlamentario chileno a su base, los cañones Krupp de los invasores vomitaron fuego desde las colinas de Chacalluta y Azapa contra las baterías del Norte y Este del Morro, que se prolongó hasta las 4.30 de la tarde y estas respondieron, sin causarse daño alguno.

El cañoneo de los invasores, desde las citadas posiciones, fue reanudado al día siguiente, a las 12.50 horas y se prolongó hasta las 4.30 de la tarde. Esta vez se sumaron desde el mar los cañones de los buques Loa, Magallanes, Covadonga y Lord Cochrane, que se cuidaban de acercarse a la costa por el poder de fuego de baterías que los mantenían a raya y del BAP Manco Capac.

En el intercambio de disparos, un cañonazo de la Batería de Tierra “San José” del Morro acalló una batería chilena de cuatro cañones emplazada en una parte inferior de las colinas donde se encontraba el grueso de estas mortíferas unidades.

Al borde de las 4.30 de la tarde, otro cañonazo de 70 pulgadas de la Batería San José, desde el Morro, hizo un impacto certero en la cubierta del blindado chileno Cochrane, causándole un incendio, 27 bajas y su retiro inmediato del teatro de operaciones hacia alta mar.

La misma batería, a punta de certeros disparos obligó al regimiento chileno Lautaro que se había aproximado muy cerca de las Baterías Norte, a alejarse hasta el varadero de Watteree. Y por si fuera poco, la Covadonga recibió dos balazos, sin mayores consecuencia.

La parte peruana, escribe De la Torre, en este duelo de las baterías del Morro con las de los invasores que tuvieron el respaldo de los cañones de su flota, no sufrió ninguna baja. Las graves averías sufridas por el Cochrane y los impactos contra la Covadonga marcaron la finalización del hostigamiento chileno.

Los invasores habían conseguido tomar prisionero al ingeniero Teodoro Elmore, encargado de minar los accesos al Morro y obligado a revelar sus ubicaciones. Luego de desactivar la mayor parte de ellas ingresaron la noche del 6 de junio hacia los flancos del Morro.

A las 5.30 de la mañana, aún a oscuras, lanzaron una feroz embestida por la zona Este del Morro, avasallaron a los defensores, anularon las baterías de esta zona, luego continuaron a la zona norte, enseguida a los parapetos y el Cerro Gordo, y finalmente se lanzaron hacia la cima del Morro.

En este lugar, hicieron objeto de sus fusiles a Bolognesi, More, Alfonso Ugarte, Ramón Zavala, entre otros, quienes cayeron disparando sus armas cumpliendo su promesa de luchar hasta quemar el último cartucho. A las 8.59 a.m., todo estuvo consumado.

En esta parte, refiere que los atacantes fueron los regimientos de línea 3º y 4º, en número 1.200 plazas cada uno, seguidos por los batallones Bulnes y el Buin; y por el Norte el Regimiento Lautaro, toda la artillería y caballería; totalizando más de 7.000 efectivos, lo que refuta a los historiógrafos que sostienen que fueron 5,300.

El informe de De la Torre, incautado por los invasores, divulgados por el historiador Molinare da cuenta que los defensores totalizaban 1,859, pero que los defensores efectivos sumaron apenas 1,653, diferente a las cifras oficiales que la estimaron en 1,900. Es decir, la superioridad chilena cuadruplicó a los peruanos.

El ex jefe de Estado Mayor de Arica fue liberado por los chilenos en 1882 y apenas llegó al Perú se enroló a las filas de Andrés Avelino Cáceres, luego del desastre de Huamachuco, pero la resistencia, más adelante, fue truncada por la traición de Miguel Iglesias.

Reintegrado a la vida civil, De la Torre fue diputado por Moquegua, cónsul del Perú en Iquique y comandante general del Ejército. Murió en 1912 a los 65 años asistido de su esposa Mercedes Menéndez y su hija Victoria.

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