El espionaje chileno

ARMADA CHILENA 2014

Por: Javier Valle – Riestra

Con Chile tenemos dos tratados formalmente finiquitadores de nuestro conflicto de 1879 – 1883: el Tratado de Ancón, en cuya virtud, fuimos despojados para siempre del departamento de Tarapacá. En ese tratado de 1883, se señaló que en diez años, debía someterse a un plebiscito la suerte de Arica. Los chilenos sabotearon eso sistemáticamente chilenizando ese territorio. Ante la actitud contumaz de Chile, nos vimos obligados, pese a la resistencia de Leguía, a firmar el Tratado Rada & Gamio – Figueroa Larraín de 1929.

Pero, el tema no ha concluido, ese país sigue con un status bélico e infiltra espías. Está probado, que ha tenido varios traidores en la marina peruana. Como es sabido, la justicia militar procesa bajo el cargo de traición a la patria a tres suboficiales de la nuestra Marina, quienes, según todos los indicios, fueron captados por militares chilenos para comprarles información sobre el estado de la flota peruana.

No podrá decir, la señora Bachelet que ella no conoce esa temática porque es Presidenta. Insistimos: por ser precisamente jefa de Estado, conoce del problema y no puede proclamarse inocente. Hoy día nos hallamos con el fallo del Tribunal de La Haya, que es totalmente a nuestro favor. Hemos recuperado territorio marítimo, pero Chile no escarmienta y articula.

Por eso, es que se enfrenta el problema de los marinos traidores que por una mesada se han puesto a órdenes del militarismo chileno. Nadie puede creer que nuestro nefasto vecino del sur, reciba pacífica y jurídicamente la sentencia de La Haya. Para nosotros, victoriosos moralmente, pero, militarmente derrotados, en 1879, se exige estar alertas ante un Chile imperial.

Siempre ha habido infiltrados. Pero, estos espías, viajeros de lujo al Brasil, financiados por Chile, son la prueba de la posición inacabable de Santiago. No podemos venir con ingenuidades y creer que porque tenemos una sentencia favorable Chile la va a respetar. Por eso, es que nos envía y financia sus mata haris, compatriotas traidores.

Un país civilizado y democrático después del fallo del Tribunal asentado en Holanda, debería obedecer; tal como lo hace Colombia en su caso con Nicaragua. Tuvieron un refunfuño inicial, pero, hoy lo acatan. Y hay un modus vivendi entre ambos países. Soy anti-chileno –pese a que mi tatarabuelo Meiggs tenía un gran palacio en Santiago–, y ningún tratado cerrará mis heridas patrióticas. No confiemos en nuestros vecinos del sur.

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