Historia: El fascismo japonés

FASCISMO JAPONES

De todos los paises asiáticos, es en el Japón donde únicamente se puede hablar de una incidencia real del fascismo. Paradójicamente, en el país más alejado, geográficamente hablando, de Europa. Pero era el único efectivamente “europeizado”, es decir, donde el régimen liberal, el parlamento, los partidos, funcionaban desde hacia años, y donde el capitalismo era una realidad y palpable. La estructura sociopolítica era distinta a la Turquía semifeudal sobre la que ascendió Kemal, a la vida tribal del Oriente Medio; a diferencia de la India, Japón no se hallaba en situación colonial, antes bien, todo lo contrario. Sólo en un país tan efectivamente occidentalizado podía desarrollarse el fascismo hasta formar un movimiento de importancia.

A la vez, los postulados del fascismo enlazaban con facilidad con las tradiciones japonesas más arraigadas: el espíritu del “bushido”, de la época de los “daimyo”, y los “samurais” era análogo al que en Europa buscaban los Italianos en sus “condottieri”, y los alemanes en la “Orden Teutónica”, y en cuya ética aspiraban a inspirarse. No sin algo de razón se ha definido al Japón, en alguna ocasión, como la “Prusia de Oriente”. Junto a la europeización sociopolítica había, pues, una base ideológica tradicional propia y genuina.

El fascismo japonés ofrece particularidades propias importantes. Enraizadas con la tradición nacional, fuertemente impregnado de tradicionalismo, activista y violento, se inspiraba en una especie de monarquismo mistico; la “restauración de Showa”, es decir, la devoluciones de los poderes reales al Emperador, era su objetivo supremo. Gracias a esta restauración, Japón se libraría del régimen liberal capitalista, y el Emperador volvería a dirigir una política llena de gloria que recordará las más doradas épocas del Imperio del Sol Naciente. El Japón, dirigido por su Emperador, y equipado con un poderoso ejército, llevaría a cabo una ideología panasiática, liberando a todo el Oriente de las potencias coloniales. No es de extrañar que esta ideología fascista hallara amplio eco entre los jóvenes oficiales, y que se infiltrara profundamente en el Ejército: era el Japón guerrero y Místico guiado por un Emperador divino lo que se pretendía reconstruir. Pero todo esto no significa que el fascismo japonés fuera de esencia reaccionaria, nada más lejos de la realidad. En Japón se unieron a los movimientos fascistas sólidas porciones del movimiento obrero e importantes dirigentes izquierdistas, y sus posiciones sociales llegaron a un grado de radicalización que ha hecho decir a algún comentarista o historiador que aquello era puro comunismo.

El estudio del fascismo en Japón se revela, por otra parte, extraordinariamente complicado. La causa fundamental es la proliferación de grupos fascistas, parafascistas o fascistizantes. Resulta muy difícil seguir la evolución de tantos grupos distintos, y poder estudiarlos a todos con el suficiente detenimiento como para poder discernir si se trata de un grupo auténticamente fascista, si es un grupo de extrema derecha, más o menos fascistizado, si es un grupo tradicionalista, o si es un grupo socialistanacional… Unas cifras nos darán mejor idea del problema. Tomando como fecha cumbre del fascismo japonés la de 1936, los especialistas han catalogado, previamente a esta fecha, hasta 235 grupos, asociaciones y partidos “nacionalistas (desde la extrema derecha al “fascismo de izquierda”), y después de 1936 llegaron a existir hasta 750. De entre los más importantes, 19 existían ya en 1930, 42 en 1931, y 58 al año siguiente. Al producirse la derrota del Japón, y pese a que desde 1942 sólo se había permitido existir a estos grupos como sociedades culturales, los grupos “ultras” totalizaban la cifra de 300… algunos no tenían sino un solo miembro. Hanji Kinoshira, para poder estudiar a tan amplia cantidad de grupos, ha procedido a agruparlos en dos corrientes básicas: por una parte, la “extrema derecha idealista”, que él describe como ultranacionalista, reaccionaria y mística. Por otra , la corriente “nacionalsocialista”, que define como partidaria de la modernización del país, y socialmente progresista. Si bién existe en algún punto posiciones comunes, y a veces faltan límites claros entre ambas tendencias, Kinoshira también subraya la diferencia, y los enfrentamientos entre estas dos corrientes. El mismo autor ha elaborado una lista de los principales grupos, agrupándolos por tendencias.

La corriente “extremista de derecha “idealista”, tiene su origen en el grupo “Genyo sha” (fundado en 1881), y en la “Asociación del Dragón Negro” (1901). Dentro del marco cronológico al que se limita nuestro estudio, están: la “Asociación de la Esencia Nacional del Gran Japón” (1919), el “Cuerpo Antibolchevique” (1922), el “Kokuhon-Sha”(1924), el “Cuerpo de Justicia del Japón”(1925), la “Asociación de Trabajadores del Yamato”(1928), el grupo armado “Sociedad de los Patriotas” (1928), el célebre “Cuerpo de la fraternidad de la sangre”, también grupo armado, dirigido por Inonue, (1932), el “Partido de la Producción del Gran Japón” (1932), otro grupo armado, el “Cuerpo de Soldados Divinos” (1932), el “Partido de la Juventud del gran Japón”(1936), la “Sociedad de la Liga de Asia Oriental” (1939), la “Confederación monárquica” (1939), y la “Asociación de Oriente” (1940). Las fechas situadas entre paréntesis corresponden al año de fundación. Dentro de la corriente “nacionalsocialista”, Kinoshira sitúa la “Asociación de la Fundación Nacional” (1924), el “Partido Socialista Radical (1929), el “Partido Nacionalista japonés” (1932), la “Liga Popular del Nuevo Japón (1932), el “Kodo-kai”(1933), el “Partido Nacionalsocialista del Gran Japón”(1934), la “Liga de Acción Política Pronacional” (1934), el “Partido de la Renovación Japonesa ” (1937), y el “Partido del Gran Japón” (1940).

La característica fundamental que unía a tan larga lista de grupos era su actitud mística ante la figura del Emperador, personificación de la nación, de sus tradiciones, y de su espíritu. “Todos estos grupos “escribe Kinoshira – manifestaban un celo fanático por el mantenimiento de la autoridad imperial (tenno sei) y es por ésto que al fascismo en Japón se le ha llamado a menudo “fascismo tenno sei”, es decir, fascismo de principio imperial. Esta devoción no reposaba en ningún análisis crítico del poder, a diferencia del fascismo italiano, cuya ideología inicial fue republicana, y del nazismo alemán, que se oponía a toda restauración imperial. De tal rechazo a pensarse independientemente de la autoridad reconocida y por relación a ella, resultaba que el fascismo japonés no podía ni pretendía constituir una oposición”. Esta actitud ante el Emperador, absolutamente japonesa en su origen y motivaciones, se revelaría como la auténtica debilidad del fascismo japonés: cuando los fascistas, por medio de un “putsch” estén al borde de la conquista del poder, la actitud opuesta a su acción del Emperador bastará para hacerles desistir…

Conviene ahora dar un vistazo general a la política japonesa. Dos grandes partidos, el “Seyukai”, conservador, y el “Minseito”, liberal, monopolizaban la vida política, Pero en realidad no eran más que los portavoces, las fachadas, de los gigantescos “trusts” industrial” comerciales que dirigían la vida política del país. Estos “zuibatsu ” (así se les llamaba en el país), “colonizaban” las estructuras del Estado en beneficio propio y exclusivo. Los “zuibatsu” serán uno de los objetivos de ataque predilectos de los fascistas japoneses, a los que se atacó con tal vigor que superó en rigor a la postura comunista. La izquierda japonesa, que empezó a desarrollarse a principios de siglo, con la industrialización, fue eclipsada por los grupos nacionalistas y casi desarticulada.

La corriente extremista de derecha tenía su origen, como se vio más arriba, en el “Genyo-Sha”, que se había creado para favorecer la expansión japonesa en Corea. Su programa de “Honrar al emperador, amar a la Patria y defender al pueblo”, será imitado largamente años después. La “Sociedad del Dragón Negro” saldrá directamente de la “Genyo-Sha”, y uno de sus dirigentes, Uchida, llevará a cabo uno de los intentos de fascistización de la extrema derecha japonesa. Tras estos dos grupos iniciales, nacerán una pléyade de movimientos menos importantes, todos ellos predicadores del “verdadero nacionalismo”, y radicalmente opuestos a los movimientos democratizantes que se habían extendido por el país tras el fin de la Primera Guerra Mundial, además de ser, por supuesto feroces antimarxistas. La inspiración de casi todos estos grupos venía de la tradición japonesa; los antiguos caballeros errantes, los “kyokaku”, eran puestos como modelos a seguir. En 1925, por primera vez uno de estos grupos evidenció una fuerte fascistización: el “Cuerpo de Justicia del Japón “, dirigido por Sakai, quien “pretendía superar las tradiciones de los kyokaku e imitar al gran líder político europeo (Mussolini, N. Del .A.). Hizo llevar camisas negras a sus partidarios y estudió profundamente el socialismo”, según Kinoshira. A pesar de esta aproximación al modelo europeo, los puntos fundamentales de “fidelidad al emperador y amor a la patria” continuaban siendo la base del movimiento. El grupo logró cierta implantación en los medios obreros, pero no pudo sobrevivir a la muerte de su jefe. En resumen, tuvo una importancia secundaria. Mucha más tuvo el “Kokuhon Sha ” que se formó en 1924, en torno a la revista “Kokuhon”, editada desde 1922 por Hiranuma. Provenía también del común tronco “Genyo-Sha”, pero era de inspiración espiritualista, y violentamente antimarxista. Hiranuma predicaba “el verdadero nacionalismo”, según decía él mismo, y fue un político destacado, siendo. ministro del Inteior hasta 1924, y algo después Vicepresidente del Consejo Imperial. “Hiranuma era considerado en el extranjero como la figura más destacada del fascismo japonés” dice Kinoshira, pero en realidad Hiranuma no fue jamás fascista en sentido auténtico. Su fama se debía a su importante puesto político, y también a que su movimiento llegó a contar con 200.000 seguidores.

La corriente “nacionalsocialista”, según la definición de Kinoshira, tuvo como primera y efímera manifestación el grupo “Roso Kai” surgido en 1918, con gentes venidas de la izquierda y de la derecha del espectro político. Pero el verdadero creador de esta tendencia, fue un intelectual, Ikki Kita, autor de un famoso libro: “Plan de reorganización del Japón “, en el que expresaba una ideología “exacerbadamente socialista y nacional”, según dice José M. Rodríguez en un artículo publicado en “Historia 16″. El programa que proponía lkki Kita pedía la supresión de la Constitución, la prohibición de las fortunas de más de un millón de “yens”, las expropiación de las fincas que superasen en valor a los cien mil “yens,”, para redistribuirlas, la nacionalización de la Banca, los ferrocarriles y compañías de navegación, de las minas y de las compañías de seguros. El libro también exigía que pasaran al Estado las propiedades de los “Zuibatsu” a partir del momento en que estos “trusts” tuvieran cierta dimensiones. Por otra parte, era violentamente antimarxista y predicaba la expansión japonesa hacia Siberia, enfrentándose al comunismo. Ikki Kita creó en el mismo año 1919 el “Yuson Sha”, con el fin de plasmar su programa en un grupo político concreto.

Dos hechos claves vendrán a acelerar el surgimiento de un fuerte fascismo japonés, fuerte no por estar agrupado en un único y sólido movimiento, pero sí por el gran número de organizaciones implicados en él, y por el significativo hecho de la masiva fascistización de la extrema derecha y, a la vez, de la izquierda japonesa. El primero, será la crisis económica del 29. Japón, que vivía por y de sus relaciones comerciales, sintió con especial crudeza la crisis, aumentando la animadversión frente a los “Zuibatsu” que hallaban la forma de medrar en la situación, mientras que el pueblo japonés pagaba las consecuencias de la crisis. El segundo, fue el llamado “incidente de Manchuria”, que sería el origen de una gran ola de nacionalismo y de militarismo y que se extendería por todo el país.

“El incidente de Manchuria – dice Kinoshira – por la immensa ola nacionalista que levantó en la población japonesa, conjugándose con el descontento creado por la crisis económica, lanzó realmente el verdadero fascismo en el país del Sol Naciente, donde se vio a las organizaciones socialistas inclinarse una tras otra hacia posiciones cada vez más chauvinistas, y perder así hasta un tercio de sus miembros en beneficio de las organizaciones de tendencia nacionalsocialista”.

Durante la primera mitad de los años 30, los grupos fascistas o fascistizantes florecieron rápida y abundantemente. Uchida, del que ya habíamos más arriba, de la “Asociación del Dragón Negro”, comprendió que había llegado el momento de la modernización del programa, y del cambio de su apariencia exterior, amoldándolo a formas fascistas. Creó, dentro de esta línea, el “Partido de la Producción del Gran Japón”, acercándose a fuerzas obreras (especialmente, al Sindicato del Metal y la Industria Química de Osaka, y otros menores), y combatiendo a la vez, con virulencia, al marxismo. Tras una cierta represión policial, con la muerte de Uchida, en 1937, el partido languideció. Hiranuma, en cambio, empezó a jurar y requetejurar que él no era fascista. Para no ser acusado de tal no dudó, incluso, en disolver su potente movimiento, y en premio a esta actitud recibirla años mas tarde la Presidencia del Consejo Imperial.

Pero la situación a quien más favoreció fue, evidentemente, a la corriente “nacionalsocialista”. El crecimiento de la doble agitación, social (crisis económica), y nacional (Manchuria), la hizo desarrollarse aceleradamente. Fueron muchos los nacionalistas que comprendieron que exitía una necesidad imperiosa de unir al proletariado a la vida de la nación, de buscar la síntesis de nacionalismo y socialismo, rechazando simultáneamente el capitalismo y el comunismo. “A un programa así – dice Kínoshita -, se le puede dar, sin abuso, los nombres modernos de nacionalismo y socialismo “En la consecución de esta síntesis participarán elementos provenientes de los dos movimientos. Desde una posición inicialmente nacionalista actuaba lkki Kita y sus seguidores. Algunos de ellos, capitaneados por Okawa, se escisionaría en 1931 para dar lugar al “Jimmu kai” denominado así porque aspiraba a la construcción de un Japón como el del Emperador Jimmu. “El grupo contó rápidamente con 30.000 adherentes que se reclamaban seguidores de las ideas de Mussolini y Hitler según Kinoshita, y estaba especialmente infiltrado en los ambientes militares. Por su activa participación en el primer intento de “putsch” llevado a cabo por los fascistas japoneses, en el 15 de mayo de 1932, Okawa fue detenido, y su movimiento disuelto.

Desde una posición inicialmente socialista se produjo, a la vez, un proceso de confluencia. El principal inspirador de este proceso fue Takahata, exmilitante comunista, que creó en 1919 el grupo “Kerin Gakumei”, donde empezaron a desarrollarse estas tesis. Takahata, junto a lkki Kita, es uno de los más valiosos intelectuales del fascismo japonés, autor de obras como “Críticas del Marxismo”, “Manual del Nacionalsocialismo”, y “Marxismo y nacionalismo”. Takahata ocupa un lugar capital en el fascismo japonés, como inspirador de diversas organizaciones que “tendían a la fusión en una corriente única nacionalsocialista de elementos de derecha e izquierda, por lo que puede decirse que a partir de ellas existe, en el Japón, el fascismo moderno propiamente dicho – dice Kinoshira -.

Coetáneamente, surgieron varios grupos armados. La “Sociedad de los Patriotas”, fundada años atrás, se hizo famosa a nivel internacional en 1930 por el asesinato del primer ministro, Hamaguchi. En 1932 nacieron, vinculados a la corriente de “extrema derecha idealista “, el “Cuerpo de Soldados Divinos”, y la “Fraternidad de la Sangre”, y la corriente “nacionalsocialista”, el grupo “Defensa de los fundamentos del Estado que pronto se harían famosos.

En 1932 se produjo el primer intento unitario, con la creación de la”Asociación General de lucha común de los patriotas japoneses”, en la que participaron las tres grandes corrientes nacionalistas: los descendientes del “Genyo Sha”, los inspirados en el “Yuson Sha” de lkki Kita, y los seguidores de Takahata, así como otros grupos menores de izquierda y derecha (hasta totalizar 70 organizaciones). Con la aportación de miembros de todos los grupos, se creó una milicia global, encuadrada por los fanáticos terroristas del “Cuerpo de la Fraternidad de la Sangre”. El intento unitario duraría apenas un año.

El incidente de Manchuria había ocasionado la ascensión del Ejército en la sociedad nipona, y ya no abandonaría este protagonismo hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. En los primeros años de la década de los 30 nacían una tras otra las sociedades secretas militares nacionalistas (“Kozakura kai”,”Sakura kai”,”Merinkai”, nutridas por la joven oficialidad. Estos oficiales, provenientes del campesinado, en su mayor parte, habían sido y eran extremadamente sensibles a los ideales nacionalistas y sociales de los movimientos fascistas y fascistizantes, a los que prestaban un importante apoyo. La ocupación de Manchuria favorecía el desarrollo de las tendencias fascistas en el seno del Ejército y, aún más, a las doctrinas que predicaban el intervencionismo militar en el seno de la sociedad japonesa:

“Se trataba “dice François Solchaga”, de sustituir con una forma de dictadura militar abierta a los problemas sociales, al régimen parlamentario. Esta tentación se desarrolló especialmente en Manchuria donde el ejército actuaba con autonomía, desarrollando su propia política, su administración, y burlándose abiertamente de las directrices formuladas por Tokyo”.

Similar proceso de fascistización se produjo entre la izquierda nipona. Un ex lider socialista, Akama-tsu, creó en 1932 el “Partido Nacionalista Japonés”, violentamente anticapitalista y panasiático. Desde su fundación, captó a muchos elementos procedentes del Partido Socialista y del Partido de Obreros y Campesinos, y de la Federación de Sindicatos Obreros Nacionales. Del Partido Comunista Japonés, y del Partido Obrero y Campesino nacerá, también en 1932, la “Liga Obrera de Vanguardia”, dirigida por Nakamura, y que pasará a integrarse en el “Partido Nacionalsocialista Japonés”, algunos meses más tarde. Pero, como ya era habitual entre los grupos fascistas y fascistizantes japoneses, el nuevo partido también fue víctima de escisiones y abandonos. Akamatsu dejó el partido un año más tarde, y una importante escisión, la “Liga Nacional del Nuevo Japón”, hizo una seria competencia.”De todo este bullicio estéril se vio nacer, sin embargo, en 1932, la “Kakkashakaishagi Gakumei (Academia Nacionalsocialista) de Ishikawa, y a la que Takahata prestará todo su apoyo.

También se inclinó hacia posiciones moderadamente fascistizantes la potente “Unión Agraria” que agrupaba a los pequeños campesinos ávidos de tierras, necesitados de una reforma agraria, enemigos de los “zuibatsu”.

En 1932 existía, pues, una amplia fascistización de las extrema derecha nacionalista de los ambientes militares y agrarios, y se habían creado varios movimientos fascistas a partir de la izquierda, una izquierda que abandonaba progresivamente sus postulados marxistas para volverse hacia el nacionalismo. Pero no había una dirección unificada, una dirección global. Por eso no es de extrañar el gran número de intentos de golpe de Estado que se suceden entre 1932 y 1936, y el fracaso de todos ellos. Al final, esta serie de “putschs” lo que conseguirá será que el régimen liberal caiga, pero no será el fascismo el que lo sustituya sino un régimen militarista conservador.

Las dificultades de las clases medias, la pobreza de los campesinos, unió en un mismo frente a las pequeñas sociedades secretas de jóvenes oficiales, a amplias organizaciones campesinas, y a importantes sectores proletarios “nacionalizados” tras el “incidente de Manchuria”. Unidos contra los “zuibatsu” y la agitación marxista, pedían la restauración del Poder Imperial, en la confianza de que con esta protectora y paternal autoridad desaparecerían las dificultades e injusticias que generaba el sistema liberal capitalista. Este estado de ánimo era el que impulsaba a los autores de los asesinatos, en el curso de las elecciones de 1932, de Inukai, Primer Ministro, del partido “Winseito”, y de Takuma Dan, del “Zuibatsu Mitsui”, cometidos por miembros del “Cuerpo de Fraternidad de la Sangre”. El terror se extendió rápidamente entre los partidos “del Sistema”. Un golpe de estado estalló el 15 de Mayo, pero fue aplastado, y no bastó para subvertir, el orden establecido. El “Jimmu Kai” había sido el grupo fascista más implicado, pues había prestado fuerte apoyo a los oficiales implicados. Okawa, su líder, fue condenado a 15 años de carcel. El gobierno resistió bien este primer golpe, y casi se puede decir que resultó afianzado.

A este primer “putsch” siguió una intensa agitación en los medios nacionalistas. Mientras que en Junio el “Partido Nacionalista” y el “Jimmukai” lanzaban una nueva iniciativa unitaria (el “Comité de Unión en la lucha contra el Hundimiento del Japón”), apoyados por muchos grupos menores, y ofreciendo la alternativa política de los fascistas y fascistizantes al programa del nuevo gobierno formado tras el”putsch”, nacían nuevos grupos activistas, como el “Cuerpo de Soldados Divinos”. Aunque encuadrable en principio en la llamada “extrema derecha idéalista” de la clasificación de Kinoshira, el “Cuerpo” exigía la modernización completa del Japón, atacaba el liberalismo, y el marxismo, criticaba a los “zuibatsu”, denunciaba a los políticos corruptos, y pedía la expansión japonesa. Se puso a organizar un nuevo golpe de Estado, descubierto y abortado el mes de julio de 1933. Tenía el mismo objetivo que el “putsch”de mayo de 1932, a saber, entregar el poder al Ejército, y expulsar a los políticos “del sistema”. Los planes de desarrollo del “putsch”preveían el asalto a la residencia del Primer Ministro, a las sedes de los dos grandes partidos y al “Club Industrial Japonés “.

Ante la patente incapacidad de los ambientes civiles afines al fascismo para desarrollar una acción política eficaz, por su extremada división, producto no de diferencias ideológicas, sino de matices tácticos o rencores personales, el centro de gravedad del fascismo japonés se trasladó de la Sociedad Civil al Ejército, donde siempre había encontrado gran eco entre la joven oficialidad de extracción campesina. A este respecto, lo que ocurrió con la “Academia Nacionalsocialista”, de la que hablamos, es bien significativo. En marzo de 1934, ante la disolución del “Partido Nacionalsocialista Japonés”, los dirigentes de la “Academia” decidieron organizar un nuevo partido: el “Partido Nacionalista del Gran Japón”. “De todas las organizaciones fascistas de la época “opina Kinoshita” era la que tenía las ideas más claras (…) tenía un programa político coherente (…) En diciembre de 1934 organizó un “Consejo de Sindicatos Obreros Japoneses” asegurándose así una amplia base popular”. Sin embargo, a partir de abril de 1935 empezaron a producirse escisiones, la crisis interna y, finalmente, la disolución del Partido.

El primer signo evidente de la fascistización general del Ejército fue un libro editado por el Ministerio de la Guerra en 1934: “Los principios de la defensa nacional y algunas proposiciones para reforzarla”, en el que se venía a argüir que sólo en un país en el que reinara la justicia social existían las condiciones objetivas para una efectiva defensa nacional. “Este papel “comenta Kinoshita”, produjo la consternación en el gabinete, los “zuibatsu”y los politicos”. Los partidos y los industriales los recibieron con justificado miedo, mientras que todos los medios fascistas del país saludaban abiertamente la publicación. Pero no todos los militares pensaban de acuerdo con este libro. Su redacción se debía a los miembros de la tendencia “Kodo-ha”, la escuela de la Vía Imperial”. Para la “Kodo-ha” el Ejército debía ser el heredero directo de la tradición Samurai”, y como tal, temibles en el combate, desinteresados, protectores de los pobres; soñaban con la restauración de la “época Nara”, una Edad de oro de la historia japonesa. Deseaba que el Japón adquiriese un papel predominante en Asia. Pero estos “tradicionalistas” eran a la vez abiertamente socializantes, y no soportaban la pobreza del pueblo japonés explotado por los “zuibatsu”. Su biblia era el libro de Ikki Kita, (el “Plan de reorganización del Japón”) y tenía profundos lazos con los grupos civiles fascistas, y sobre todo con las sociedades secretas.

Existía otra tendencia en el seno del Ejército, la “Tosei-ha” o “escuela del Dominio”, mucho más moderada. Pedía también que el Ejército suplantara a los políticos en la dirección del país, pero tenía objetivos muy distintos. No pensaba en enfrentarse al comunismo y a la URSS, en una guerra por Siberia, sino que aspiraba a una expansión hacia el Sur. Socialmente era muy conservadora, y políticamente no aspiraba a un partido único revolucionario, sino a la progresiva confluencia de todos los grupos políticos en uno solo. Se trataba, pues, de una ruptura con el parlamentarismo, pero no con el capitalismo. La “Tosei-ha” se desarrolló especialmente en los ambientes de la Marina Imperial y entre la oficialidad suprema del Ejército, mientras que la “Kodo-ha” era predominante entre la oficialidad del Ejército de Tierra en sus escalones inferiores.

Sólo un mes más tarde de la publicación del libro “Principíos de la Defensa Nacional”, los oficiales de la “Kodo-ha” intentaron un nuevo “putsch” (noviembre de 1934), que fracasó esta vez por la denuncia de elementos de la “Tósei-ha”. A partir de este momento, la oposición entre los fascistas de “Kodo-ha”, y los conservadores de “Tosei-ha” se hará violenta y sangrienta.

Tras el “putsch ” del 15 de mayo de 1932, la “Tosei-ha” empezó a ganar puestos, pero sin que la “Kodo-ha dejara de presentar batalla. Para la filosofía política de “Tosei-ha” el golpe de Estado era condenable y no intentó jamás ninguno para conseguir sus fines, Una opinión radicalmente opuesta tenían sus oponentes, pero los sucesivos golpes de Estado que prepararon no les dieron el poder e, indirectamente, favorecieron a sus enemigos, ya que el régimen liberal, que se tambaleó bajos sus golpes, sin llegar a ser destruido, consideró como un “mal menor” a “Tosei-ha”,que fue quien en definitiva, se hizo con el poder. A esta solución final contribuiría, y no poco, la posición personal del Emperador, figura mítica para los miembros de “Kodo-ha”, sin cuyo asentimiento nada podía hacerse. “Los fascistas japoneses – escribe Solchaga – se esforzaron en preparar varios golpes de fuerza para liquidar al régimen parlamentario. El 15 de mayo de 1932, el 10 de julio de 1933, y el 20 de noviembre de 1934 se desarrollaron sendas tentativas de golpe de Estado, tentativas vanas desde su principio, por otra parte, porque el símbolo imperial era tan fuerte (para los fascistas japoneses, N.d.A.), que era imposible admitir un régimen sin la aprobación del Emperador. Este ya había puesto su favor, no en los parlamentarios, como se ha creído durante mucho tiempo, sino en los elementos más moderados “digamos mejor los más reaccionarios conservadores” del movimiento ultranacionalista “.

La oposición entre “Kodo” y “Tosei” tuvo una de sus más violentas manifestaciones en el asesinato, por parte del teniente coronel “kodo” Aizawa, del general “tosei” Nagata, en julio de 1935. Meses más tarde, en febrero de 1936, se produjo el enfrentamiento frontal definitivo. Se lanzó un nuevo “putsch” que incialmente estuvo acompañado por el éxito, ya que se alcanzaron los objetivos previstos. Pero la oposición de una parte de la Guarnición de Tokyo, y la actitud del Emperador, que instó a los rebeldes a entregarse, supusieron el fin de la intentona. Una parte de los oficiales implicados se suicidaron. “En un rápido juicio que siguió a los hechos, fueron condenados a muerte, y posteriormente fusilados, trece oficiales “kodo”. Cuatro teóricos civiles de la tendencia “kodo”, entre ellos el célebre Ikki Kita, fueron igualmente fusilados. Se produjo una amplia depuración del Ejército. De diez generales comandantes de Cuerpo de Ejército, un total de siete fueron removidos de su cargo por su simpatía hacia los ideales “kodo”; un cierto número de oficiales fue expulsado del Ejército. El “Tosei-ha” se hizo dueño indiscutible de la situación en el Ejército, capitaneado por el general Hideki Tojo, su líder principal. En la vida política civil, Hiranuma, el más próximo a los ideales “tosei”, recibió finalmente el cargo de presidente del Consejo Imperial, que esperaba después de tantos años. Además “el gobierno aprovechó la desorganización de los elementos radicales en el seno del Ejército para intentar reducir la eventual amenaza que elementos semejantes podían presentar en el ámbito civil y empezó a ejercer una fuerte presión sobre todos los elementos fascistizantes”, dice Kinoshita.

A consecuencia del fracasado golpe de Estado “Kodo”, los miembros de “Tose-ha” se habían hecho con el poder. El pánico de los “zuibatsu” y los políticos parlamentarios a los fascistas radicales era tal que preferían la militarización del país a cargo de Tojo, única forma viable de acabar realmente con la agitación radical. El programa de gobierno de Tojo, pedía, en su punto cuarto “la reconquista de las asociaciones patrióticas, y la estabilización de la actividad nacional”. Se trataba de “impedir la agitación de los ultranacionalistas y nuevos ataques de éstos al Estado, ahora en manos de Tosei-ha”, dice Solchaga, quien señala cómo, para ésto, se intentó “agrupar a todas las asociaciones nacionalistas bajo la dirección conservadora de la “Liga Nacionalista” (“Kokumin Domei”) que controlaría Tojo en persona”. Los grupos más moderados se sometieron a estas presiones y fueron integrándose en el partido de Tojo. Pero los movimientos radicales continuaron su vida autónoma. Un coronel del Ejército, Hashimoto, fue expulsado del servicio por las opiniones radicales vertidas en su libro “Programa de establecimiento de una estructura nacional japonesa para la instauración del Gran Japón”. Kinoshita dice que “tras esta desgracia (su expulsión, N. d.A.), el coronel se las ingenió para implantar en todo el país un movimiento fascista radical” el llamado “Partido de la Juventud del Gran Japón”. Como respuesta a los intentos de absorción de Tojo, se llevaron a cabo diversas, operaciones unitarias. En el comité “Jikyo”se integraron varios líderes significativos de movimientos fascistas, y actuó como órgano de enlace. A partir de él se creó una federación (en febrero de 1937), llamada “Seikaku”, “especie de frente común de los partidos de los miembros de “Jikyo” favorables a la acción parlamentaria, y que tendía a la instauración de un partido fascista unificado”, dice Kinoshita. Hasta entonces, el fascismo japonés había estado ausente de la vida parlamentaria, por dos causas: su profunda aversión hacia el juego parlamentario, y la gran atomización de los diversos grupos. En las elecciones de 1936, por ejemplo, los conservadores de “Kokumin Domei” habían alcanzado 11 escaños, y los fascistas sólo habían logrado dos (del “Partido Nacional Socialista), mientras que el partido liberal “Minseita” alcanzaba 205 escaños. En 1937, mientras que “Kokumin Domei” mantuvo sus escaños, los nacionalistas cuadruplicaron su presencia, con 8 escaños y otros pequeños grupos fascistas alcanzaron representación parlamentaria.

La alianza “Seikaku” se transformó en una formación política unificada, “Partido de Renovación”del Japón”, separándose entonces de la alianza dos de los principales integrantes: el “Partido de la Juventud del Gran Japón “, y el “Partido de la Producción del Gran Japón”, no obstante lo cual, “la nueva formación que comprendía una organización juvenil, federaba a poco menos de la mitad de los grupos fascistizantes japoneses”, escribe Kinoshita.

El inicio de la guerra contra la China, en 1937, supuso la definitiva militarización del Estado. La situación bélica afectó seriamente a los grupos fascistas, pues llevados por sus sentimientos militaristas e imperialistas se lanzaron a apoyár la política para con China y, en definitiva, al régimen. Se creó, para hacer frente a la agitación de izquierdas, enemiga de la guerra, el “Consejo de lucha contra el frente popular”. La principal preocupación de las organizaciones fascistas era que “no se apuñalara por la espalda” al esfuerzo de los soldados.
En este año, una figura política importante entrará en escena, dominando todo el juego político japonés, hasta su muerte en 1941, el principc Konoye, Para captar todo el “potencial fascista” del Japón y ponerlo a su servicio, lanzó un nuevo grupo: el “Movimiento en favor de la nueva estructura”, que absorbió a una cierta cantidad de pequeños grupos. En 1940, pese a ésto, los grupos más importantes seguían activos, y esperanzados por las noticias que llegaban de Europa, donde las victorias sonreían aún a la Alemania Nacionalsocialista. “Las victorias de la Alemania nazi “escribe Kinoshita”, vinieron, en 1940, a dar ánimos a los fascistas japoneses para proponer al conjunto de sus compatriotas el ejemplo de Hitler”. No olvidemos que Japón era formalmente aliado de Alemania e Italia. Konoye y el “tosei-ha” decidieron que, cara a la guerra que se vislumbraba, era el momento de proceder a la eliminación de los partidos. Se creó, como germen del futuro partido unificado, la “Asociación de asistencia al Poder Imperial”. El Partido socialista fue disuelto en junio de 1940, y dos meses más tarde el conservador y el liberal. Los restantes, a fines de año. Para poder subsistir como organizaciones los grupos fascistas y fascistizantes debieron abandonar las actividades políticas, y contentarse con ser grupos de “actividades culturales”. Tojo intentó agruparlos en uno sólo, para ejercer un control más efectivo, pero hasta el año 1942 continuaron subsistiendo los grupos más importantes. La oposición a las medidas de Tojo supuso una fuerte represión policial. Pero la guerra, que a partir de 1941 se extendió con el conflicto contra Estados Unidos y el Reino Unido, fue a la larga, la principal causa de la decadencia de los movimientos fascistas:

“La movilización militar comportó “dice Kinoshita” el alejamiento masivo de los jóvenes, lo que privó a los grupos fascistas de sus elementos más dinámicos y se opuso a su desarrollo “.

El régimen de Tojo fue un fracaso completo. Hiranuma el veterano líder de la extrema derecha fascistizante, contribuyó a darle un aspecto “fascista” al régimen, gracias a que la “Asociación de ayuda al Poder Imperial” cayó bajo su influencia, y se transformó “en una organización burocrática que recordaba mucho a la de los “partidos únicos” del fascismo europeo”. Pero esta similitud era solamente exterior, pues la “Asociación”, rebautizada como “Partido Nacional”, según Solchaga, “no jugó verdaderamente ningún papel”, y se mostró incapaz de la más mínima energía creadora, pero jamás llevada a la práctica. Los ideales “panasiáticos” fueron olvidados. Si bien los “zuibatsu” se oponían a la guerra, porque ello les privaría de las materias primas, una vez ésta estalló, vieron las ventajas de la explotación, en su propio beneficio, de todo el espacio asiático ocupado por las tropas japonesas, y se alió a “Tosei-ha” el sentimiento “panasiatico” fue sustituido por una realidad “pannípona” que, por la explotación que comportaba, alejó a las poblaciones asiáticas de la colaboración con Japón. Finalmente, el régimen de Tojo aceptó la rendición incondicional del Japón. Precisamente, este hecho supuso la última aparición importante de activistas de la tendencia “Kodo-ha”: un grupo de oficiales pretendió impedir la rendición haciéndose con el poder, empeño que fracasó.

Los ocupantes norteamericanos respetaron la persona del emperador (una muestra más que significativa del papel simbólico que suponía su figura para el pueblo japonés), pero en el llamado “Proceso de Tokio” juzgaron y condenaron a todos los altos mandos japoneses, a los colaboradores de Tojo, y a los supervivientes del fascismo japonés (las figuras notables, se sobreentiende). Los feroces enemigos de antaño resultaron víctimas de una misma represión.

El fascismo japonés tuvo un gran fallo: su incapacidad para organizarse en un sólido y único movimiento; y una gran debilidad: su actitud ante el Emperador, que comportaba la imposibilidad de una acción revolucionaria eficaz, ya que el veto del Emperador suponía, para los “superimperialistas” que eran los fascistas japoneses, una barrera imposible de sobrepasar. Aún así, es un fascismo extraordinariamente interesante. Dice Solchaga que:

“El fascismo japonés nació de la confluencia de un movimiento de protesta social protagonizado por las clases populares, y de una acción surgida en ambientes militares y estudiantiles, puramente nacionalista en un principio, pero que fue tomando un componente social por ósmosis con la lucha popular”. El fascismo japonés, en tanto que realidad distinta de la simple extrema derecha, incluso la fascistizada, destacó por ser un fascismo “de izquierda”, radical. Solchaga dice que, “no se trata simplemente de reivindicaciones sociales tan avanzadas como las de los partidos de izquierda, sino más bien de la incorporación de una parte importante de las formaciones de izquierda, y extrema izquierda a la acción de los partidos fascistas. Y no solamente. de los partidos, sino también de los sindicatos de izquierda, y de las masas obreras controladas por ellos”.

Muy posiblemente, la historia de la guerra en Asia se hubiese escrito de forma muy distinta si “Kodo-ha”se hubiera impuesto a la tendencia “Tosei-ha” en las fechas claves de febrero de 1936. En vez de orientarse hacia el Pacífico y Australia, la dirección de empuje japonés habría sido contra la Unión Soviética y el Comunismo. ¿Habría podido resistir la URSS el ataque combinado de Alemania y el Japón? La derrota política del fascismo japonés fue, sin duda, uno de los elementos importantes a la hora de provocar la derrota militar de las potencias fascistas.

Fuentes: François Duprat, “Le fascisme dans le monde” y “Les fascismes inconnus”(Duprat, Solchaga, Guiraud y Lynder L. Unstad)

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