Andrés Calamaro: DAVID BOWIE

DAVID BOWIE ROCK

Terminó con un disco flamante una vida de cuarenta o cincuenta años de creaciones, imagen, proyección, vanguardias y personaje clave para el rock, la imaginación roquera, la libertad y la inteligencia al servicio de lo que, en su caso es indudable, bien puede llamarse arte pop. Casualmente, si digo casualmente es porque me encuentro en un periodo de dudas y replanteos, su ultimo disco intenta (lo leí) no sonar como rock, no ser rock.

No se como fue dicho exactamente ni como hay que decirlo pero (es que no lo escuche aun mas allá del anticipo de diez minutos) intentaba no grabar un ultimo disco roquero o apegado a los sonidos o la fantasía roquera. Yo que soy muy respetuoso de la carrera integral de David Bowie, de la que todos conocemos -y aceptamos- momentos geniales y algún desacierto, le aplaudo en sus reinvenciones personales y musicales, incluso le acepto con agrado en algunos de sus episodios de la década del ochenta, hace ya treinta años, cuando se presentó como caballero mainstream vampirizando un “dance” que fue la etiqueta de el álbum que le llevó a las portadas de la Time y la Newsweek. Dudo ahora si su álbum anterior había sido Scary Monsters, considerado por los mas puristas como un disco en su línea mas autentica, contrastando con la obra para todos los públicos que fue su aventura bailable que tampoco estiró mucho mas allá de dos discos, ni había sido su primer experimento con el soul o “lo bailable”. Digamos que se transito a si mismo en clave alemana berlinesa, vanguardista, rock n roll teatro, acústica (tecnológica, hard roquera, elegante, etc) …

La palabra mas vulgarmente usada para David Bowie es “camaleónico”, pero siempre imprimió una personalidad fuerte, sentido del humor y compromiso con un rock de diseño, pensado con inteligencia mas allá de la honestidad, que nadie pone en duda. Sin dudas, el rock le debe mucho a DB pero también el diseño de imagenes y , no se si la deuda es mediana pero dejo allí su huella, el cine en donde David incursiono con interés inopinable, como vampiro, como marciano, como brujo, como si mismo en graciosos cameos. Es muy poderoso este último capitulo en la vida y la obra de David. Aun sin escuchar el álbum, que se había anticipado con una o dos canciones complejas y comprometidas, grabadas con músicos de jazz, hay que considerar que fue realizado en la dura batalla, quizás suponiendo que era el ultimo round de una pelea inevitable pero inevitablemente injusta, la de la vida misma.

Adiós, David Bowie. Al bailarín, al berlinés, al glamuroso, al enigmático, al sonriente y carismático hombre de mi caras y un ojo de vidrio, otra teoría no del todo confirmada. Único en su clase.

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