Miguel Grau Seminario enseñó al mundo que la Patria se defiende con la propia vida

MIGUEL GRAU

El máximo héroe de la Marina de Guerra del Perú, nació en Piura el 27 de julio de 1834, fruto del matrimonio conformado por don Manuel Grau y Berrío y de la dama Luisa Seminario del Castillo. Los primeros años de su infancia transcurrieron en el puerto de Paita, quedando cautivado desde muy pequeño con la grandeza del mar, tanto así que con sólo nueve años de edad tuvo su primera experiencia navegando a bordo de un bergantín, el “Tescua”, pero la travesía no culmina a causa de un naufragio.

Era marzo de 1843. Retorna a Paita, siempre con su pertinaz obsesión de seguir viajando. Hay otra oportunidad para hacerlo, y de nuevo invoca a su padre para que le diera permiso, al ver la insistencia y arrojo del hijo accede; y, cuando ha cumplido diez años, emprende su segundo viaje a bordo de la goleta “Florita”, y pronto a latitudes distintas y lejanas.

Con estos viajes inaugurales, Grau inicia su carrera en el mar, iniciándose como grumete. Pasarían diez años, durante los cuales cubre su niñez y adolescencia, tiempo en que navega en diez barcos de distinta bandera, en los cuales acumula valiosas experiencias que más tarde serían base fundamental para su vida profesional.

El 18 de agosto de 1853, postula al servicio naval, tenía tan sólo 19 años de edad y ya había navegado más de 102 mil millas náuticas, distancia equivalente a 4.7 veces la circunferencia de la tierra, según estudios realizados por la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú.

Su primer embarque lo realizó a bordo del vapor “Rímac”, luego en el pailebote “Vigilante”, por pocos días en el “Izcuchaca” y en 1856 fue transferido al vapor “Apurímac”. En la vida civil, Grau inicia una segunda etapa de su carrera mercante y más tarde, en 1863 se reincorpora a la Armada Nacional y es ascendido a Teniente Segundo. Tres meses después, asciende a Teniente Primero.

Y, luego como Capitán de Corbeta es enviado a Europa y de allí viene comandando la famosa corbeta Unión, a cuyo mando le corresponde participar en el combate de Abtao (7 de febrero de 1866) contra la Escuadra española, como corolario de los incidentes surgidos con la Madre Patria. Se retira por segunda vez de la Armada, obteniendo el mando del buque mercante “Puno”, de la compañía inglesa.

A fines de 1867, el Capitán de Fragata Miguel Grau regresa al servicio como Comandante del Huáscar y podemos decir que, con cortos intervalos, identifica su carrera naval con la del inmortal monitor cuyo mando tuvo cerca de nueve años. Teniendo ya el rango de Capitán de Navío fue nombrado como Comandante General de la Escuadra, Comandante General de la Marina y, es elegido Diputado por la Provincia de Paita.

La personalidad de Grau queda destacada en todo momento, presentándose sin mancha ni tacha alguna ante el veredicto de la Historia y su memoria es una fuente inagotable de elevación, de grandes pensamientos y valores. También se le considera como ejemplo sin igual en el hogar que comparte con Doña Dolores Cavero y Núñez.

El 5 de abril de 1879, Chile nos declara la guerra, viéndose envueltos el Perú y Bolivia aliados en una contienda que ensombreció los cielos de América. La única Escuadra de los aliados era la peruana, aventajada por la chilena en número de barcos, en poder naval y en modernidad de elementos.

Ante esta situación, el Capitán de Navío Miguel Grau obtuvo el nombramiento de Comandante General de la Primera División Naval, formada por el blindado Independencia y el monitor Huáscar: Grau izó su insignia en éste último, por el cariño que le tenía.

Hasta octubre de 1879 sucede un intenso período bélico en el mar, el cual atrae la admiración de las gentes y presenta a Grau, ante la conciencia universal, como uno de los marinos más valientes y más intrépidos de la época.

Desde el 21 de mayo de 1879, fecha del triunfo del Combate de Iquique, el Huáscar quedó solo, como el único buque de guerra capaz de enfrentar al enemigo, pues, en dicho encuentro mientras hundía con su espolón a la Esmeralda, se perdió la Independencia. Pese a tal desgracia y reducida nuestra Escuadra a un blindado, bombardea las fortificaciones de las costas chilenas, apresa buques adversarios, se bate con limpia hidalguía ante poderosas unidades.

Sus correrías impiden que el territorio peruano sea invadido, porque Grau, protegía al Perú haciendo, en forma admirable, el papel de toda una Escuadra la cual realiza el milagro de la guerra naval del Pacífico. Para vencer a este débil pero titánico monitor, fue recurso del adversario reunir todo su poderío naval a fin de darle caza constante.

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JORGE BASADRE AYULO
Maestro y Doctor en Derecho

El apellido Grau, por ancestro y sangre que corre en sus venas, está vinculado a las epopeyas del mar. Es que entre los habitantes de Valencia, a orillas del Mar Mediterráneo, el grao constituye una palabra proveniente del dialecto utilizado por las gentes de mar, con idéntica significación al de grau, que en idioma vasco significa puerto marítimo. Nada más significativo en la vida de don Miguel Grau Seminario que su vinculación sanguínea con el puerto, que constituye el punto de partida de toda aventura marítima en cuyo clímax, el insigne peruano alcanzaría la gloria inmortal un 8 de octubre del trágico año de 1879.

SU VIDA

Nacido en el centro de Piura, el 27 de julio de 1834, en una casa solariega ubicada en la antigua calle de Mercaderes, Miguel Grau Seminario fue atraído desde los nueve años por las asechanzas y los misterios existentes más allá de las aguas azulinas y calmas que rodean el puerto de Paita, forjándose su vocación de marino inicialmente en el buque mercante “Tesana”. Durante diez años navegó como simple grumete con destino a puertos lejanos. Ingresó el 14 de marzo de 1854 a la Marina de Guerra del Perú, con diversos cargos hasta asumir por primera vez el mando del viejo monitor Huáscar, en 1868.

Después de la ocupación del litoral boliviano y declarada la guerra con Chile en el Pacífico Sur, cuando los hombres ligados a la política del monopolio mundial del salitre decidieron que peruanos, bolivianos y chilenos se mataran entre sí, inició Grau y la notable tripulación de ese monitor la defensa de las costas peruanas y bolivianas.

Desde la declaratoria de guerra chilena del 5 de abril de 1879, su poderosa flota bloqueó Iquique y realizó esporádicos ataques en los puertos indefensos de Pabellón de Pica, Pisagua, Mollendo y Huanillos. El 20 de mayo de ese año, el Huáscar –recién reparado– y la Independencia navegaron rumbo a Iquique, encontrándose con la flota chilena constituida por la corbeta Esmeralda y la cañonera Covadonga. Después de una hora de fiero combate, el Huáscar echó a pique a la Esmeralda, espoloneándola hasta en tres oportunidades. Lanzando al mar todas las chalupas del Huáscar, el monitor peruano salvó la vida a más de sesenta chilenos arrojados al mar.

Después del hundimiento de la Esmeralda y la tragedia que importó el hundimiento de la Independencia, el Huáscar no permaneció inactivo en puerto seguro. El viejo monitor procedió a realizar labores de convoy a los transportes peruanos. Aparece en los puertos y radas de Chile, como un fulgor imprevisto sin causar daños a la población. En julio de 1879 rompe el bloqueo de Iquique realizado por la corbeta Magallanes y el transporte Matías Cousiño. En esa batalla naval, al enrumbarse el Huáscar hacia altamar espoloneó a la Magallanes, causándole graves daños, hecho que ocasionó conmoción pública en Santiago y Valparaíso.

Las andanzas del Huáscar prosiguieron después de esta batalla. El 23 de julio de ese año, captura el transporte chileno Rímac que conducía tres compañías de caballería de ese país. Estas intrépidas incursiones sumieron en letargo al ejército chileno centrado en Antofagasta, deteniéndose así la proyectada invasión del territorio peruano. El historiador chileno Barros Arana reconoce que el Huáscar, mientras surcaba la mar, daba vida al Perú.

El destino trágico hizo que al amanecer del 8 de octubre de 1879, los vigías del Huáscar divisaran humo negro en el horizonte lejano. A toda máquina dos blindados chilenos, acompañados por la cañonera Covadonga, la corbeta O’Higgins y tres transportes chilenos apuntaron al barco peruano. Ni Grau ni su tripulación rehuyeron el combate, sabiendo la tripulación que el destino iba a serle adverso por la desigualdad numérica de los buques chilenos. El combate duró dos horas sin que la bandera peruana fuera arriada en ningún momento. Las bombas destruyeron la torre del Huáscar y penetraron por la bobadilla, rompiendo aparejos por lo que los sobrevivientes procedieron a abrir las válvulas de sumersión hasta cuatro pies de agua salada en la sentina, impidiendo la fatalidad del destino que el monitor peruano fuera hundido para reposar en el fondo marino.

Grau fue héroe más allá de un acto aislado y mostró su temple desde el inicio de la guerra cuando fue despedido por limeños y chalacos, sabiendo que iba a una muerte segura que el destino le deparó ese glorioso día de octubre de 1879.

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SU VIDA Nacido en el centro de Piura, el 27 de julio de 1834, en una casa solariega ubicada en la antigua calle de Mercaderes, Miguel Grau Seminario fue atraído desde los nueve años por las asechanzas y los misterios existentes más allá de las aguas azulinas y calmas que rodean el puerto de Paita, forjándose su vocación de marino inicialmente en el buque mercante “Tesana”. Durante diez años navegó como simple grumete con destino a puertos lejanos. Ingresó el 14 de marzo de 1854 a la Marina de Guerra del Perú, con diversos cargos hasta asumir por primera vez el mando del viejo monitor Huáscar, en 1868. Después de la ocupación del litoral boliviano y declarada la guerra con Chile en el Pacífico Sur, cuando los hombres ligados a la política del monopolio mundial del salitre decidieron que peruanos, bolivianos y chilenos se mataran entre sí, inició Grau y la notable tripulación de ese monitor la defensa de las costas peruanas y bolivianas. Desde la declaratoria de guerra chilena del 5 de abril de 1879, su poderosa flota bloqueó Iquique y realizó esporádicos ataques en los puertos indefensos de Pabellón de Pica, Pisagua, Mollendo y Huanillos. El 20 de mayo de ese año, el Huáscar –recién reparado– y la Independencia navegaron rumbo a Iquique, encontrándose con la flota chilena constituida por la corbeta Esmeralda y la cañonera Covadonga. Después de una hora de fiero combate, el Huáscar echó a pique a la Esmeralda, espoloneándola hasta en tres oportunidades. Lanzando al mar todas las chalupas del Huáscar, el monitor peruano salvó la vida a más de sesenta chilenos arrojados al mar. Después del hundimiento de la Esmeralda y la tragedia que importó el hundimiento de la Independencia, el Huáscar no permaneció inactivo en puerto seguro. El viejo monitor procedió a realizar labores de convoy a los transportes peruanos. Aparece en los puertos y radas de Chile, como un fulgor imprevisto sin causar daños a la población. En julio de 1879 rompe el bloqueo de Iquique realizado por la corbeta Magallanes y el transporte Matías Cousiño. En esa batalla naval, al enrumbarse el Huáscar hacia altamar espoloneó a la Magallanes, causándole graves daños, hecho que ocasionó conmoción pública en Santiago y Valparaíso. Las andanzas del Huáscar prosiguieron después de esta batalla. El 23 de julio de ese año, captura el transporte chileno Rímac que conducía tres compañías de caballería de ese país. Estas intrépidas incursiones sumieron en letargo al ejército chileno centrado en Antofagasta, deteniéndose así la proyectada invasión del territorio peruano. El historiador chileno Barros Arana reconoce que el Huáscar, mientras surcaba la mar, daba vida al Perú. El destino trágico hizo que al amanecer del 8 de octubre de 1879, los vigías del Huáscar divisaran humo negro en el horizonte lejano. A toda máquina dos blindados chilenos, acompañados por la cañonera Covadonga, la corbeta O’Higgins y tres transportes chilenos apuntaron al barco peruano. Ni Grau ni su tripulación rehuyeron el combate, sabiendo la tripulación que el destino iba a serle adverso por la desigualdad numérica de los buques chilenos. El combate duró dos horas sin que la bandera peruana fuera arriada en ningún momento. Las bombas destruyeron la torre del Huáscar y penetraron por la bobadilla, rompiendo aparejos por lo que los sobrevivientes procedieron a abrir las válvulas de sumersión hasta cuatro pies de agua salada en la sentina, impidiendo la fatalidad del destino que el monitor peruano fuera hundido para reposar en el fondo marino. Grau fue héroe más allá de un acto aislado y mostró su temple desde el inicio de la guerra cuando fue despedido por limeños y chalacos, sabiendo que iba a una muerte segura que el destino le deparó ese glorioso día de octubre de 1879.