La Guerra del Pacífico fue una guerra avisada que los políticos no quisieron ver ni oír

BATALLA DE ARICA

J. Germán Parra H.

General de División EP

En la efemérides de la Patria, el 07 de junio desde 1906 y para siempre, es el día del Juramento de Fidelidad a la Bandera; ceremonia pública solemne dedicada al homenaje al Coronel Francisco Bolognesi, Patrono del Ejército y héroe cada vez más excepcional.

Bolognesi, hace 130 años, comandó a un grupo de militares que tenían la misión de defender el Morro de Arica en el contexto de la Guerra del Salitre que Chile nos hizo. Fue una guerra avisada que los políticos no quisieron ver ni oír. Creo que existe la obligación cívica de reflexionar sobre este hecho heroico relacionado con la Defensa Nacional y con las FFAA.

La guarnición del morro decidió rechazar la invitación a rendirse con la famosa frase: “Tengo deberes sagrados que cumplir”, ofrecimiento enemigo para la rendición que paradójicamente decía que sería una rendición con honores: Bolognesi y sus oficiales acordaron no rendirse y morir para purgar los descuidos en la Defensa Nacional de los políticos y salvar el honor nacional. La batalla del Morro de Arica es la fuente permanente de lecciones de heroísmo peruano, cuya dimensión patriótica se agiganta en el telón de fondo de la grave situación actual en que se encuentran la Defensa Nacional y nuestras FFAA, desarmadas. Para corregir el desbalance, el gobierno ha decidido proponer a los otros países de la OEA que se desarmen. Hay que tener presente la dialéctica siguiente: ¿Hay armas porque hay guerras, o hay guerras porque hay armas?

Para justificar la situación en que se encuentra la Defensa Nacional algunos gurús dicen que ya no hay guerra. La realidad nos demuestra que la guerra es una expresión trágica de un conflicto y el mundo está lleno de ellos. La guerra es una realidad y una posibilidad, hay que estar preparados con la anticipación suficiente.

¡En materia de Defensa Nacional, lo primero que hay que prever, es la improvisación!

Ningún militar ha sido objeto de tantos homenajes como Bolognesi. Su primer monumento fue inaugurado el 07 de junio de 1905 con la estatua de Querol; y el 17 de junio de 1954 se cambió la estatua por la de Antonio Ocaña, en la que Bolognesi luce marcialmente invencible.

Una vez más me adhiero al homenaje a la figura excelsa del que prefirió morir antes de rendirse.

En la historia de los pueblos existen hombres índices, aquellos que son como la síntesis de una época o de una actividad. Bolognesi es uno de ellos; hombre probo, constante y, fundamentalmente, militar ejemplar; el pundonor y la dignidad eran las constantes de su vida, austera desposeído de grandes comodidades, más bien, lindantes con la dignidad de la pobreza material.

Basadre lo describió magistralmente: “Bolognesi vivió sin mancharse con el lodo de las guerras civiles ni con la locura de las riquezas dilapidadas”. Luis Alberto Sánchez agregó: “Bolognesi fue como esas aves de plumaje blanco que no obstante posarse en el pantano, elevan el vuelo con la alas limpias”. Bolognesi y sus hijos Enrique y Augusto, muertos también defendiendo la patria, los tres, padre e hijos entraron a la gloria, limpios. ¿Quién más?

El hombre es él y sus circunstancias. Bolognesi y muchos fueron víctimas del enfrentamiento entre el civilismo y el militarismo; eran las dos tendencias predominantes en la década de 1870. El civilismo, dirigido por el Presidente Pardo, desmontó a las FFAA e invitó a muchos oficiales, entre ellos Bolognesi, a la situación de Disponibilidad que en esa época era la situación de indefinidos, con una pensión mísera; se dejó sin efecto la decisión de adquirir dos blindados.

El Ejército y la Armada constituían la Fuerza Pública con el nombre genérico de “Guardias Nacionales”, la venganza política llevó al país a un estado de indefensión. ¡Cualquier semejanza con la situación actual es pura coincidencia!

Declarada la Guerra al Perú por parte de Chile, la opinión pública ignoraba la real situación de las Fuerzas Públicas, a tal extremo que los medios de comunicación informaban de una situación irreal sobre el estado del Ejército y la Armada a pesar de los reclamos de Grau desde el Parlamento.

“El papel de la prensa, durante esa época, debió estar orientada a poner en alerta a la opinión pública nacional sobre las intenciones de Chile e informar adecuadamente de la preparación de nuestras fuerzas, pero fundamentalmente a conservar la unión de todos los peruanos y elevar el sentimiento patriótico” (coronel EP. Arturo Castro).

El coronel Arturo Castro en su libro “La Prensa Limeña en la Guerra con Chile” recurre a la frase de Napoleón respecto al rol de la prensa escrita: “Tres diarios adversos son más temibles que mil bayonetas”. Napoleón tuvo razón. Castro Flores, en su libro antes mencionado, reproduce una parte del editorial del diario “El Nacional”, órgano oficial del Partido Civil: “No se oculta que tanto nuestro Ejército como nuestras naves, se encuentran en buenas condiciones de combate y que el jefe del Estado ha velado consagrándose exclusivamente al apresto y movilización de todos nuestros medios de defensa territorial, sea dicho ello con la franqueza que es preciso observar en tan solemnes circunstancias, aún hay mucho que atender y no poco que reformar en lo que respecta a nuestras fuerzas marítimas y terrestres”.

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