Seguridad : Los secretos que guarda el capitán de corbeta (r) Carlos Tomasio de Lambarri, cabeza de la más grande red de espionaje industrial del país.

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A diferencia de su jefe Elías Ponce Feijoo, dado a los rodeos y las respuestas telegráficas, el capitán de corbeta (r) Carlos Tomasio de Lambarri ofreció a las autoridades declaraciones plenas de detalles y datos que dejaron en suspenso varias quijadas. Tomasio cantó tanto que el recital se prolongó en tres sesiones y un total de quince horas.

Probablemente lo más desconcertante fue su revelación sobre el supuesto destino de dos equipos Triggerfish y cuatro Loggerhead para «chuponear» celulares, valorizados en US$ 110 mil y adquiridos en Washington entre 1999 y el 2001, cuando se desempeñaba como adjunto al agregado naval de la embajada.

«Tuve conocimiento de que uno de los equipos iba a ser enviado a la ciudad de Valparaíso en Chile por encontrarse allí el Congreso y la Base Naval de Chile», sostuvo en sus declaraciones ofrecidas al Ministerio Público. «El otro equipo iba a ser ubicado cerca del Palacio de la Moneda, de acuerdo a la información que me proporcionó el comandante general de la Marina, el almirante Ibárcena. Se trataba de una operación de inteligencia de alto nivel».

A pesar de respuestas con tal calibre, el silencio entre las autoridades chilenas es tan profundo como el viaje de un submarino. No es para menos.

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La Marina compró equipos de «chuponeo» en EE.UU., según prensa

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Los equipos de alta tecnología con los cuales se realizaron las interceptaciones telefónicas que resultaron en los casi 100 audios relacionados a presuntos actos irregulares, como los negociados en la concesión de lotes petrolíferos, fueron adquiridos por la Marina de Guerra del Perú, a través de la Estación Naval Alfonso Ugarte, con sede en Washingtoin en junio del 2000.

Según el diario La República, fue el comandante Carlos Tomasio, copropietario de la empresa Business Track, la cual habría servido de fachada para la mafia dedicada al espionaje, quien compró estos equipos cuando se desempeñaba como adjunto de la Agregaduría Naval en Washington.

De acuerdo a dos facturas presentadas a las que tuvo acceso el referido medio, los equipos tuvieron un valor de 110 mil dólares y adicionalmente se pagó 8 mil dólares por el entrenamiento en su uso.

Tomasio, afirma el rotativo, admitió ante el fiscal Walter Milla que adquirió dichos equipos para una operación de inteligencia mientras laboraba en Estados Unidos.

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